En el mundo realmente invertido, lo verdadero
es un momento de lo falso.

Guy Debord







    Apuntes sobre la Materia de Cristian Guardia



    Cristian Guardia es un artista de la generación más reciente. Su trabajo se ha concentrado en la construcción de inquietantes compendios críticos donde la fotografía, la instalación, el texto y el video, se consolidan como las herramientas sintácticas de una obra concebida como discurso; en esta apertura de los elementos que el artista pone en relación dentro del espacio museográfico, se configura un agudo borde entre realidad y ficción; delicada arista que coloca en tela de juicio no solo la capacidad del espectador, sino también la alteridad de una experiencia cotidiana que todos vivimos: ese voraz día a día sitiado por las mega-actividades representativas de la polución visual de nuestro mundo contemporáneo.

    En el caso de Materia, muestra individual que exhibe en los espacios del Museo Arte Valencia, Guardia se sumerge en el mundo de la fe y en los territorios de la espiritualidad como una forma de proyección del destino individual y colectivo: allí la causa y el efecto de las acciones humanas se unen bajo el arropo de una verdad superior e invisible. En los canales de lo subterráneo, la voluntad se disipa a través de la manipulación mediática, se extravía en el caos de la miseria, en las leyes alternas de un poder superior que canaliza todo lo probable, todo lo causal, toda la interferencia que pueda surgir del espíritu autónomo.

    Desde estos ruidos hormiguea la existencia de Cristian y de Alexander, los personajes centrales de la narración visual que ha rescatado Guardia. En las variables de sus propios protocolos, en la efervescencia de caminos tan sagrados como obscenos, tan reales como ficticios, tan inéditos como hiper-reproducidos, se encuentran las marcas de una sociedad local y global sujeta al peligroso entramado del más allá, a un mundo alterno signado por la pesada marca de una ilusión mediática que ya en el año 1967 espantó la mirada del filósofo y cineasta francés Guy Debord. En su libro La sociedad del espectáculo (La Société du spectacle) publicado por la editorial Buchet-Chastel de París, este escritor ampliará los paradigmas de una sociedad desdoblada por el ejercicio adherido de su propia representación, un "desdoblamiento el mismo desdoblado" donde la verdad social de ese espectáculo que invierte lo real para su propio beneficio, se convierte en un circunstancia social positiva: "la realidad surge en el espectáculo, y el espectáculo es real. Esta alienación recíproca es la esencia y el sostén de la sociedad existente".

    Del mismo modo, esa descripción de los peligros de la sociedad moderna descrita por Debord donde la volatilidad de la mercancía se instaura como la única conexión posible de una supuesta pertenencia al ser del mundo, se levanta en el desdoblamiento de los dos hermanos protagonistas de la más reciente propuesta del artista: enlaces y signos de una Materia pura y corrosiva, masa contextual que se agita en nosotros gracias a las prolíficas aristas de propagación que han inoculado la reciprocidad ficticia y veraz, mediante los controversiales canales de un mundo digital, audiovisual y virtual de poderes inimaginables.

    Queda de parte del espectador, sacar sus propias conclusiones en torno a lo vivido en una instalación que se transforma en experiencia substancial. Los acontecimientos están desplegados en sala, los testimonios y las imágenes acontecen en el espacio museográfico para asentar sus más certeras mentiras y adosar sus más distantes verdades. Solo aquel que observa a profundidad podrá atajar el verbo y el enigma de este testimonio visual, descubriendo en la ilación definitiva de los detalles, los atajos de una historia propia, de un contexto brutal e ingenuamente amalgamado bajo la brillante pátina de un mundo solapado por el poder indescifrable de las versiones infinitas.


Lorena González I.